Solsticio de Diciembre

Actualizado el 22 de diciembre de 2019

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Fotografía tomada en Domikealde (Bizkaia) en diciembre de 2019

Doy la bienvenida al solsticio de diciembre, que en la latitud norte, donde vivo, marca el comienzo del invierno, y en el hemisferio sur, da paso al verano.

La etimología de la palabra solsticio procede del latín. Viene del vocablo solstitium, compuesto de sol y sistere (=estático, detenido), lo que quiere decir “sol detenido” o “sol quieto”. Se denomina así porque el Sol se ve desde la Tierra en su punto más al sur, y por eso, en el hemisferio norte, es el día más corto del año. Tras ese momento, en el que parece detenido, vuelve a moverse hacia el norte. Parece que se queda quieto para luego volver a ascender en el firmamento.

Los solsticios ocurren debido a que la Tierra gira alrededor del Sol inclinada sobre su eje unos 23,5 grados. Esto provoca el efecto del movimiento del Sol en el cielo, el solsticio de diciembre es el momento del año en el que el Sol está más alejado del ecuador. Es decir, los rayos inciden de forma más inclinada en la Tierra y lo hacen desde abajo, desde el sur. En el Norte, el Sol se ve en el punto más bajo y en el hemisferio Sur, es el momento en que se ve más alto.

Con el solsticio, llega el gélido invierno. La naturaleza, sabia y amorosa, nos enseña a abrazar el desapego y nos abre la puerta a  una nueva temporada en el ciclo de las estaciones. Los árboles se desnudan de hojas, mostrando su silueta, dejando ir lo viejo. Los colores se atenúan, la luz es más sutil, la noche más larga. El frío y la humedad nos invitan al recogimiento, a la interiorización.  El eterno retorno de cada estación, año tras año, va renovando lo caduco, lo que ya no sirve. Lo viejo cae, para dejar espacio a que lo nuevo nazca.

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Fotografía tomada en Peñíscola (Castellón) en diciembre de 2019

La tierra, en su viaje alrededor del sol, llega al punto más cercano a él.

La luz del sol baña el hemisferio norte con menor intensidad, y en cambio, aporta mayor calidez al sur, regalándo a esta zona del planeta más horas de irradiación solar.

Donde yo vivo, la luz del día se vuelve tenue y efímera, la luz diurna dura unas 9 horas aproximadamente. Las noches son largas y frías.

Las ciudades se llenan, el campo parece despoblado y silencioso. Las madrugadas escarchan los campos y el viento gélido acompaña a las aves en su viaje hacia las tierras más cálidas del sur. La naturaleza descansa en su letargo antes de resurgir de nuevo con esplendor primaveral.

¡Bienvenido Invierno! ¡Hasta el año que viene, Otoño!

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Fotografía tomada en las cimas de Otero (Alava) en diciembre de 2018

 

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